Video en español con subtítulos en inglés.
Del 2 al 4 de mayo de 2026 se celebró en Bogotá el Foro Internacional Economía para la Vida: Hacia un Nuevo Orden Económico Internacional, un espacio que reunió a gobiernos, movimientos sociales, organizaciones de la Economía Social y Solidaria (ESS), académicos y actores territoriales para avanzar en la descolonización del debate económico desde la perspectiva del Sur Global.
En el panel “Gobernanza, multilateralismo y derecho internacional”, Mauricio Rodríguez, director del Departamento de Prosperidad Social (DPS) de Colombia, ofreció una intervención profundamente alineada con los principios de la ESS y con la visión de las Economías para la Vida.
Una trayectoria compartida: DPS – RIPESS – FMDV
Durante su intervención, Mauricio Rodríguez destacó la colaboración sostenida entre el DPS, RIPESS y el Fondo Mundial para el Desarrollo de las Ciudades (FMDV). Esta articulación ha permitido fortalecer alianzas entre gobiernos locales, plataformas de la ESS y movimientos sociales, consolidando un trabajo conjunto orientado a transformar los territorios desde modelos económicos más justos, democráticos y centrados en la vida.
Recordó también los hitos de esta trayectoria, como los encuentros internacionales ECOOVIDA (2024, 2025 y 2026), donde se han tejido articulaciones entre organizaciones comunitarias, plataformas de la ESS, mujeres, jóvenes y gobiernos comprometidos con una transición justa.
Ideas clave de la intervención
Rodríguez subrayó que los instrumentos internacionales existen —resoluciones de Naciones Unidas sobre ESS, el Compromiso de Sevilla, las conclusiones de Doha y Nueva York—, pero que su impacto depende de cómo y con quién se implementan.
Entre sus mensajes más destacados:
- “Si queremos construir una economía para la vida, el centro y los protagonistas deben ser las personas de las comunidades.”
- “Los instrumentos existen; el desafío es dónde los implementamos y con quiénes.”
La urgencia de una alianza global desde los territorios
Mauricio Rodríguez insistió en que la transición hacia economías justas requiere alianzas reales entre pueblos, comunidades, gobiernos y movimientos sociales, así como la participación directa de los actores territoriales en la toma de decisiones. Sin esta base popular, advirtió, los compromisos internacionales corren el riesgo de quedarse en declaraciones sin impacto real.


