Artículo publicado originalmente en El Salto, por Santiago Fischer Federico Parra e Isabel Pascual de WSM, WIEGO y RIPESS, respectivamente.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, las redes WSM / INSP!R, WIEGO y RIPESS siguen uniendo sus voces para afirmar una convicción común: la Economía Social y Solidaria (ESS) es una vía concreta para garantizar trabajo decente, protección social universal y cuidados para todas las personas.

Este 8 de marzo es una oportunidad para visibilizar que millones de mujeres —especialmente en la economía informal y en territorios rurales— no solo sostienen la vida en condiciones de desigualdad, sino que impulsan transformaciones económicas profundas. Frente a un modelo que reproduce precariedad, exclusión y brechas de género, ellas están organizando cooperativas, redes de cuidados, iniciativas productivas y formas de gestión comunitaria que demuestran que otra economía es posible y ya está en marcha.

Desde esta perspectiva, proponemos una lectura en tres ejes que conectan las transformaciones estructurales con experiencias concretas lideradas por mujeres.

De la informalidad al trabajo decente: cuando organizarse cambia las reglas

A nivel global, más de la mitad de la fuerza laboral se desempeña en la economía informal. Las mujeres están sobrerrepresentadas en sus formas más precarias: venta ambulante, trabajo doméstico, reciclaje, agricultura familiar, microemprendimientos sin protección social.

Frente a esta realidad, la ESS actúa como un puente hacia el trabajo decente. A través de cooperativas, asociaciones y mutuales, las trabajadoras mejoran sus ingresos, fortalecen su capacidad de negociación y acceden —total o parcialmente— a esquemas de protección social. La organización colectiva transforma la vulnerabilidad individual en poder político.

En distintos países, trabajadoras del hogar, recicladoras y vendedoras ambulantes articuladas en procesos acompañados por Mujeres en Empleo Informal: Globalizando y Organizando (WIEGO) han logrado reconocimiento legal, espacios de diálogo social e incidencia en políticas públicas. Estas experiencias demuestran que cuando las mujeres se organizan en estructuras de ESS, no solo mejoran sus condiciones económicas: también transforman las reglas del sistema laboral.

Un ejemplo emblemático de organización económica liderada por mujeres es la Asociación de Mujeres Autoempleadas (SEWA) en India. SEWA reúne a millones de trabajadoras de la economía informal (vendedoras ambulantes, trabajadoras a domicilio, agricultoras y recicladoras) que han construido cooperativas de producción, servicios financieros solidarios y sistemas de protección social. A través de estas estructuras de economía social y solidaria, las trabajadoras han logrado mejorar sus ingresos, acceder a seguros de salud y fortalecer su capacidad de negociación colectiva. Esta experiencia demuestra que cuando las mujeres en empleo informal se organizan colectivamente, pueden construir instituciones económicas propias que transforman tanto sus condiciones laborales como su poder social.

Protección social universal: la solidaridad convertida en derecho

El acceso a la protección social sigue siendo profundamente desigual. Para muchas mujeres en empleo informal, la salud, las pensiones o las licencias de maternidad siguen siendo derechos lejanos.

La ESS contribuye a cerrar estas brechas mediante mecanismos solidarios y colectivos: mutuales de salud, cooperativas que facilitan la afiliación a sistemas públicos y asociaciones que actúan como proveedoras de servicios sociales donde el Estado no alcanza. De esta manera, la protección social deja de estar exclusivamente ligada al empleo formal y se convierte en un derecho impulsado desde la organización comunitaria.

En varios contextos, organizaciones articuladas con We Social Movements (WSM) e INSP!R han fortalecido mutuales y esquemas comunitarios de salud que permiten a trabajadoras informales acceder a servicios esenciales. Estas iniciativas muestran que la solidaridad organizada puede convertirse en infraestructura concreta de derechos, especialmente para mujeres históricamente excluidas de los sistemas tradicionales.

La Mutuelle pour le Développement à la Base” (MDB) en Benín concede microcréditos a la población, en particular las mujeres, en distintas regiones del país y les apoya en la creación y estructuración de cooperativas mediante diversas formaciones técnicas y administrativas. Gracias a la colaboración establecida con la mutualidad APROSOC, los ingresos generados por sus actividades de economía social y solidaria les permiten cubrir las cuotas de las mutuas de salud, garantizando así el acceso a la atención sanitaria para ellos y sus familias, además de fomentar el ahorro para su jubilación.

Cuidados y sostenibilidad de la vida: poner en el centro lo que siempre estuvo allí

El trabajo de cuidados —remunerado y no remunerado— sostiene la vida y la economía, pero sigue siendo invisibilizado y feminizado. Las mujeres cargan con jornadas extendidas que combinan producción, trabajo doméstico y responsabilidades comunitarias.

La ESS propone un cambio estructural: reconocer el cuidado como bien público y derecho humano, redistribuir responsabilidades y construir modelos comunitarios basados en la corresponsabilidad social. Sin integrar el cuidado en la arquitectura económica, no hay transformación sostenible.

Esta visión se refleja en experiencias como la de la Asociación de Desarrollo Agrícola y Microempresarial (ADAM), miembro de RIPESS en Guatemala, articulada a procesos de economía social solidaria y vinculada a dinámicas regionales de RIPESS LAC. ADAM trabaja en comunidades rurales del occidente del país con mujeres indígenas y campesinas que impulsan iniciativas agroecológicas y de comercialización solidaria donde el cuidado es parte integral de toda la cadena productiva. Cuidar la tierra, las semillas nativas, la comunidad y a las personas no es una tarea paralela: es el corazón del modelo.

El cuidado es un pilar de la vida y en nuestras comunidades rurales, ha estado presente en el cuidado de las niñas y niños, de las personas mayores, de la tierra, de los animales, de los cultivos y del agua.

Entre sus prácticas destacan:

  • Grupos agroecológicos intergeneracionales, donde mujeres mayores transmiten saberes tradicionales y las juventudes fortalecen sus capacidades en gestión solidaria.
  • Redes comunitarias de cuidado infantil organizadas por asociaciones de mujeres, que liberan tiempo para la participación económica.
  • Espacios de gobernanza que incorporan explícitamente la dimensión del cuidado, promoviendo la redistribución del tiempo y el reconocimiento de quienes cuidan.

Estas redes intergeneracionales no solo sostienen la vida: generan cohesión social, fortalecen la autonomía económica de las mujeres y consolidan modelos productivos respetuosos del territorio y de las personas.

Un llamado en clave feminista

En este Día Internacional de la Mujer, las organizaciones y redes WSM, INSP!R, WIEGO y RIPESS reafirman la necesidad de:

  • Políticas públicas que vinculen la formalización laboral con derechos y sistemas integrales de cuidado.
  • Marcos legales y presupuestarios que reconozcan plenamente a la ESS.
  • Participación efectiva de las trabajadoras organizadas en la gobernanza de políticas laborales y sociales.
  • Reconocimiento del cuidado como eje estructural de la justicia social y la sostenibilidad.

Las experiencias de mujeres organizadas en la ESS demuestran que la transformación no es una promesa futura: ya está ocurriendo en los territorios.

Porque cuidar es producir vida.
Y una economía que pone la vida en el centro es, necesariamente, una economía feminista.